Hace no mucho tiempo atrás, cada comunidad tenía su fábrica o su empresa. En ella trabajaba una gran parte de sus integrantes y era conocida por todos por su edificio, por sus trabajadores, por sus dueños y más que nada porque era parte de su cotidianeidad. A partir de la industrialización, el crecimiento del mercado fue en alza, la proliferación desmedida de nuevas empresas lo abarrotó haciéndo de él un collage indescifrable. En los días que corren, las personas no reconocen a una empresa por su edificio porque quizá éste esté muy lejos de donde viven, no conoce a sus trabajadores ni a sus dueños y, principalmente, ninguna empresa se puede arrogar la condición de ser partícipe de la cotidianidad de las personas. Entonces, ¿de qué manera las personas reconocen a una empresa como empresa? La respuesta es rotunda: por su Logo. Al decir reconocer a las empresas “como empresas” queremos decir lo siguiente. Dado el caos del mercado, las compañías se han hecho difusas, abstractas. Podemos afirmar que las firmas son hoy día una abstracción y como abstracción, difíciles de reconocer como entidades materiales que producen cosas que desean vender. Para que esta abstracción no se transforme en una derrota, las compañías deben ofrecerle al público un elemento material del cual asirse para poder pensarlas claramente, y este elemento es el Logo corporativo.

Como dijimos, las empresas existen sólo si existen en la mente de las personas: de otro modo son dejadas de lado. Cuanto más abstracto sea algo, más difícil de pensar en la cotidianidad, más difícil de tener en cuenta al momento de repasar nuestras necesidades básicas. Para evitar que una compañía se transforme en un elemento absolutamente abstracto es que ellas ofrecen un dispositivo material que puede ser visto, tocado y pensado con facilidad y todos los días. El Logo es el salvavidas en un tempestuoso océano conceptual. La existencia de un elemento al alcance de la mano (y del pensamiento) permite a las empresas insertarse en la vida cotidiana de las personas y representarlas.


Es por esto que el Logo es indispensable e irremplazable para una firma. El Logo es absolutamente necesario para tener una participación activa en el mercado y para no perderse en la inmensidad de ofertas que éste presenta. Toda empresa debe poner todo su esfuerzo en lograr el mejor desarrollo de Logo posible porque es éste su carta de presentación y su indispensable representante ante el público consumidor.

Desde esta perspectiva, podemos afirmar que el Logo es una empresa. El Logo es la única manera que tiene una compañía de hacerse real, de hacerse palpable, de ser considerada y, de esta manera, tener ventas. Toda publicidad terminará siendo vana si no hay un punto de referencia al cual dirigirla, si no hay en la mente de las personas un concepto que remita unívocamente a la firma y al cual pueda dirigirse la publicidad para potenciarlo. La importancia del Logo es superlativa y más lo es cuando lo vemos desde este punto de vista. Quizá esto pueda parecer un poco complejo, pero el éxito de una compañía suele pasar por contemplar todas las posibilidades y hacerse fuerte en ellas.


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